María del Carmen García Lombardía
Mensajes de Amor
Seamos como palomas
y llevemos el mensaje debido a todos.
Mensajes de Amor
Seamos como palomas
y llevemos el mensaje debido a todos.

EL AMOR Y EL TAXISTA
El otro día, en Nueva York, tome un taxi con un amigo.
Cuando nos bajamos, mi amigo le dijo al taxista:
-Le agradezco el viaje.
Es usted un conductor estupendo.
Durante un segundo, el hombre se quedó atónito.
Después reaccionó:
-Oiga, ¿me está tomando el pelo o qué?
-Nada de eso, amigo mío, no tengo intención de molestarlo.
Admiro la tranquilidad con que se mueve
en medio de semejante tránsito.
-Ah -farfulló el conductor, y siguió su recorrido.
-¿A qué venía eso? -pregunté.
-Estoy tratando de restaurar el amor en Nueva York
-me respondió mi amigo-.
Creo que es lo único capaz de recuperar la ciudad.
-¿Cómo es posible que un solo hombre salve Nueva York?
-No es cuestión de un solo hombre.
Creo que a ese taxista le he cambiado el día.
Suponte que haga veinte viajes.
Pues será amable con esos veinte pasajeros
porque alguien fue amable con él.
Ellos, a su vez, serán más cordiales con sus empleados
servidores o colaboradores, e incluso
con sus respectivas familias.
En última instancia, la buena disposición
podría extenderse a un millar de personas por lo menos.
No está mal, ¿no te parece?
-Pero tú confías en que ese taxista
transmita tu buena disposición a los demás.
-No estoy confiando en nada -respondió mi amigo-.
Me doy cuenta de que el sistema no es totalmente seguro.
Hoy puedo encontrarme con diez personas muy diferentes,
si de entre esos diez puedo hacer felices a tres,
finalmente podré influir en forma indirecta
sobre las actitudes de tres mil más.
-Teóricamente suena bien -admití-,
pero no estoy seguro de que en la práctica funcione.
-Si no funciona no se pierde nada.
No perdí ni un minuto en decirle a ese hombre
que estaba haciendo muy bien su trabajo.
Ni le di una propina mayor ni una más pequeña.
Y si mis palabras cayeron en oídos sordos,
¿qué importa?
Mañana habrá algún otro taxista
a quien pueda tratar de hacer feliz.
-Oye, tú estás un poco chiflado -señalé.
-Tus palabras demuestran lo cínico que te has vuelto.
Este asunto lo tengo estudiado
Lo que al parecer les falta a nuestros empleados de correos,
aparte de dinero, por cierto, es que nadie les dice lo bien
que están haciendo su trabajo.
-Pero si no están haciendo bien su trabajo.
-Si no están haciendo bien su trabajo es porque sienten
que a nadie le importa cómo lo hacen.
¿Por qué no decirles una palabra que les anime?
En ese momento pasábamos junto a un edificio en construcción,
donde cinco obreros estaban almorzando.
Mi amigo se detuvo.
-Qué trabajo estupendo habéis hecho -señaló-.
Debe de ser algo muy difícil y peligroso.
Los hombres lo miraron con desconfianza.
-¿Cuándo estará terminado?
-En junio -gruñó uno de ellos.
-Ah. Pues realmente, es impresionante. Debéis de estar muy orgullosos.
Seguimos caminando y yo le señalé:
-No he visto a nadie como tú desde que leí el Quijote.
-Cuando esos hombres asimilen mis palabras
se sentirán más felices y, de alguna manera,
su felicidad será un beneficio para la ciudad.
-Pero, ¡esa no es una tarea para que la hagas tú solo!
-protesté yo-. Al fin y al cabo, no eres más que un hombre.
-Lo más importante es no descorazonarse.
Intentar que la gente de la ciudad vuelva
a ser feliz no es tarea fácil,
pero si puedo enrolar a más gente en mi campaña...
-Acabas de guiñarle el ojo a una mujer feísima -le señalé.
-Ya lo sé -me respondió-.
Piensa que si es maestra de escuela hoy sus alumnos
tendrán un día fantástico.
Art Buchwald
Detalle
Dejo mi huella a fin que lleven tal
a vuestro hogar a sabiendas que
en estos lares hay alguien que en Ti piensa.
a vuestro hogar a sabiendas que
en estos lares hay alguien que en Ti piensa.

Vengo de
www.panconsusurros.blogspot.com
Dejo mi huella aquí, e invito ir a
www.walktohorizon.blogspot.com
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